Con la caída de los precios del petróleo y
con la apreciación del dólar generando una depreciación en nuestra tasa de
cambio real, se genera un incentivo a las exportaciones por parte de nuestros
sectores, abriendo la posibilidad de generar mayor competitividad y
asequibilidad en los mercados externos, en
este sentido, muchos de los
recursos productivos se desplazan de los sectores no transables hacia los
sectores transables.
Para el caso colombiano, no solo debemos tener
en cuenta a los sectores formales e informales, ya que en nuestro país existe y
se presenta reiterativamente desde hace muchas décadas la inclusión ilegal, por
lo que ante cambios en los precios por una devaluación de nuestra moneda, los
bienes y recursos se moverán en una dinámica sectorial no solo formal e informal
sino que a su vez de forma ilegal.
El narcotráfico, ha servido como un propicio
financiamiento para grupos al margen de la ley, generando una expansión de estos
y aún más con la considerable cantidad de lavado de activos que se introducen de
dicha actividad en nuestra economía, incentivando a las importaciones ilegales
(contrabando) y proliferando dicha actividad como camino para ampliar la brecha
en el conflicto socioeconómico que afronta nuestro país.
Con las fluctuaciones en la tasa de cambio, la
economía puede incentivar a muchos sectores para generar competitividad eso es
cierto, pero en el caso de la devaluación nacional, el problema de la
ilegalidad por parte del narcotráfico sofoca a nuestra economía y seguridad
social, generando retrocesos en las dinámicas de crecimiento y desarrollo que
surgen como posibilidad de cambio para nuestro país.
Dicho lo anterior, las actividades ilegales
en la economía contribuyen a la composición del PIB pero no garantiza
plenamente su crecimiento o decrecimiento anual, ya que dentro de la
delincuencia por cada actividad que se ejerza, existirían “empleos” al margen
de la ley, personas que se dedican a delinquir y que estarían percibiendo
ingresos, cuyo dinero seria destinado para el propio consumo y el de sus
allegados, por lo que sus ingresos pasarían a ser gastos o en el mejor de los
casos inversiones, contempladas en la canasta familiar, bienes de lujo, bienes
sustitutos y bienes complementarios, destacando en estos grupos, la industria
textil, los servicios públicos, el entretenimiento u ocio, hasta llegar a
bienes raíces, activos sintéticos y cryptoactivos.
Por lo tanto, una economía legal compuesta a nivel sectorial por actividades económicas que están buscando diariamente el máximo nivel de satisfacción entre oferentes y demandantes, soporta a una economía ilegal que ha venido creciendo exponencialmente en los últimos sesenta años.


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